Simone Saibene: ‘9 olas’ y la búsqueda de la identidad.

simone saibene

Este fin de semana tuve ocasión de volver a ver el primer largo de mi amigo Simone Saibene, 9 olas, en el estupendo festival Vivir Vilamarín, que resultó ser una auténtica experiencia de integración de lo urbano y lo rural, las últimas tendencias y tradición.

La búsqueda identidad

9 olas reflexiona sobre el tema de la identidad, no sólo la personal, sino también la nacional, creando una road movie de tiempo lento y trama compleja, que juega con el espectador, y forjada a base de sugerencias y símbolos, con el nexo de unión de las leyendas y tradiciones gallegas que terminan por guiar la trama y darle consistencia.

El el de la identidad es un tema que al director no le es ajeno, por su condición de italiano afincado en Galicia, y totalmente integrado en la cultura gallega. Quizás por eso, convierte a su protagonista en un apátrida, más preocupado de ser, de hacerse con una nueva identidad, que en averiguar de dónde procede.

Es inevitable preguntarse cuánto tiene de Simone, el director de la película, ese protagonista que no sabemos si es español, portugués, gallego o italiano, pero francamente, llega un momento en que deja de importarnos.

Construirse en base a la mirada ajena

9 olas habla de cómo nos construimos a nosotros mismos, también en base a la mirada de los demás, a cómo los otros nos perciben, contribuyendo a nuestro proceso de maduración. Al fin y al cabo, nada nos garantiza que nuestra visión de nosotros mismos sea más acertada que la forma de vernos que pueda tener el resto del mundo.

El protagonista no parece interesado en saber de dónde viene ni a a dónde va, sino que se deja llevar por lo que otros personajes le sugieren, trazándole un rumbo que parece resultarle indiferente. Es quien los demás quieren que sea y va hacia donde ellos le indican, hasta que de forma casual descubre un lugar al que quiere llegar y entonces ya no se deja influenciar por nadie. Comienza a tomar sus propias decisiones.

Esto me hizo pensar cuántas veces actuamos así en nuestras vidas, olvidando nuestro objetivo en algún punto del camino, dejando atrás todo lo que era importante para nosotros y adaptándonos a las situaciones que surgen, dejándonos influir por nuestro entorno, por los acontecimientos. Hace falta valor para salir de esa dinámica y reconducir el rumbo cuando recordamos qué nos movió a iniciar el camino.

El rumbo que marcan nuestros valores

Me ha sucedido alguna vez. Olvidar todo lo que para mí era importante para dejarme llevar por las circunstancias o los deseos de otros, alejándome de mis valores e ilusiones, para olvidar quién era en realidad, dejando en cierto modo que fueran otros los que decidieran por mí.

Hace ya bastantes años, cuando todavía trabajaba en el mundo del espectáculo, una persona me dijo una vez que yo, al igual que ella, nunca dejaría de ser joven. Se trataba de un hombre que, a pesar de tener ya una cierta edad, se comportaba como un adolescente en todos los sentidos: lleno de excesos, sin pensar en consecuencias, actuando a corto plazo. Manteniendo un estilo de vida que no tenía nada que ver ni con mis valores ni con lo que yo deseaba.

Sin embargo, en aquel momento la idea de ser eternamente joven me atrajo, y dejé que aquella persona me frecuentara durante un tiempo y me asignara un rol que no era el mío. Me dejé llevar. Era todavía joven, nuevo en aquella ciudad que me prometía grandes cosas y, como el protagonista de 9 olas, me permití ser lo que otra persona quería ver en mí. No me cuestioné si su forma de mirarme era la correcta.

Comenzar de nuevo

Evidentemente, la situación no duró mucho. Pronto acepté que en realidad no tenía el menor interés en ser eternamente joven. La juventud nunca fue para mí un valor en sí mismo. No me interesaba aquel estilo de vida irresponsable y agresivo, del que en realidad deseaba huir; así que emprendí otra vez mi rumbo, sin tener claro a dónde quería llegar, dejándome influir por otro tipo de personas, disfrutando del trayecto. Esperando que nuevos rumbos se abrieran ante mí para poder disfrutarlos.

Como el protagonista de 9 olas, debí llegar hasta el final de mi trayecto para comenzar uno nuevo que todavía no ha concluido.

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