‘Sal en la memoria’ (VIII): Disciplina

escribir a mano

La idea de crear un libro puede resultar muy atractiva. Pagar el precio del esfuerzo que supone sacrificar horas de sueño, ocio o descanso, no tanto. Pero, si quería sacar adelante el proyecto de crear un libro a medias con Jorge Meis, que aunara sus fotografías y mis textos, era necesario.

Me motivaban varias cosas. La primera de ellas colaborar con Jorge y, de esta forma, destacar el valor de su fotografía artística. Por otro lado, me resultaba estimulante saber si sería capaz de completar un trabajo de ese tipo.

Organización

Lo primero que necesitaba era una buena organización, ya que en aquellos tiempos, no sólo mantenía mi actual trabajo, siempre exigente y de alta responsabilidad, sino que además lo compatibilizaba con estudios universitarios que eran imprescindibles para seguir ejerciendo mi trabajo.

Encontrar un momento para escribir fue complicado. Sabía que el mejor momento que tenía para escribir era la mañana, que era cuando más rendía, así que decidí levantarme cada vez un poco más temprano, aprovechar pequeños huecos al mediodía y dejar los momentos finales del día para recabar notas e ideas que me permitieran seguir avanzando.

De mi pasado de practicante de artes marciales, conservo la idea de la disciplina como parte imprescindible del camino.

Los fines de semana eran un momento impagable para adelantar lo máximo posible. Por supuesto este plan se paraba cuando tenía picos de trabajo con los estudios o exámenes, pero lo retomaba cada vez que las exigencias en este sentido aflojaban.

Constancia

Lo que sí era imprescindible era la constancia. Durante meses fui capaz de mantener el ritmo que, por otra parte, me servía como descanso intelectual tras los exámenes y como preparación para la dura tarea de estudio que me quedaba por delante.

En muchos momentos tuve la sensación de no avanzar. Escribía a mano en cuadernos con buen papel y usaba buenos bolígrafos para que la experiencia me resultara gratificante. De esta forma me aseguraba una revisión extra de los textos en el momento de transcribirlos, como en realidad fue.

Mi primer borrador fue a mano. Jorge me sacó un puñado de fotos escribiendo en alguno de esos cuadernos, y preciosas fotos de los borradores.

escribir a mano

Me gusta hacer los primeros borradores a mano.

Una vez transcritos los textos, realicé –y continúo realizando, en verdad– varias lecturas para continuar depurándolos.

Maquetas de trabajo

Posteriormente añadí las fotos y crear una maqueta, incluyendo de forma ordenada todas los textos con sus fotos, que me permitiese trabajar, de nuevo a mano, sobre el último borrador.

A día de hoy, continúo trabajando sobre una segunda maqueta, en la que continúo depurando los últimos (espero) retoques de la obra.

Guardo con cariño estas maquetas llenas de correcciones a lápiz, tachones, versiones alternativas y, por qué no decirlo, fragmentos y escenas enteras que nunca verán la luz. El doloroso proceso de limpieza de lo que uno crea.

(Continuará)

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