‘Sal en la memoria’ (VII): El trabajo con los textos

Uno de los mayores retos a la hora de crear un libro que incluyera las fotografías de Jorge Meis y mis textos, era lograr darle una cierta unidad al proyecto. Habíamos encontrado el mar y la nostalgia como ejes centrales del proyecto y había encontrado un hilo del que poder tirar a la hora de crear la historia. Era el momento de ponerse la ropa de faena.

Reciclaje

Después de descubrir que los textos previos que tenía podían hacer referencia a diferentes momentos vitales de una persona, había que ordenar los contenidos.

Un orden obvio era crear una historia lineal: contar la evolución de un personaje desde la infancia hasta la edad adulta. Visto así las etapas parecían sencillas: infancia, adolescencia, juventud, madurez y vejez. Cinco momentos clave en la vida de una persona.

Me gustaba la estructura en cinco actos, que remitía a la estructura del teatro clásico. Enfocándolo de otra forma, reduciéndolo a los tres actos convencionales, podría plantear el primer y el último acto como una introducción y un epílogo. Empecé a fantasear con esa idea.

Portada de Hamlet de 1605. Extraída de Wikipedia

La fotografía como motor

Lo primero que hice fue elegír las fotos que me resultaban más inspiradoras y comencé a trabajar con ellas empleando el mismo tono que en los textos que ya tenía, tratando de cubrir ciertos huecos en la historia que había comenzado a desarrollar en mi cabeza.

El proyecto empezaba a cobrar sentido. Las piezas encajaban y eso me llevó a ser más metódico en el trabajo. Desarrollé la estructura de la historia en una especie de línea temporal y me puse manos a la obra con la escritura.

Pensé que si pudiera crear algo que pudiera leerse de forma independiente, por escenas, pero que al mismo tiempo fuese una historia completa si se leía de principio a fin, podría ser un reto interesante.

Inspiración

Tenía varias obras en las que inspirarme: Platero y yo, Historias de Cronopios y de Famas, Rayuela, Crímenes ejemplares de Max Aub, Las ciudades invisibles de Italo Calvino, El arte de amar de Ovidio… Conectaba con esa prosa poética y ese tipo de estructuras. Además, esas referencias clásicas me resultan apasionantes.

Ya tenía clara la forma. Sólo quedaba empezar a escribir. Iban a ser necesarias mucha organización y disciplina.

(Continuará)

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