Las diez obras literarias que más me han marcado. (3)

Prometía la semana pasada que hoy terminaría esta selección de obras literarias que más me han influido con un bonus dedicado a aquellas obras con las que mantengo una relación afectiva, en general porque están asociadas a lecturas de juventud.

Narraciones extraordinarias. Edgar Allan Poe.

Poe y sus Narraciones extraordinarias fueron mi primera lectura adulta, cuando tenía diez años. Imagino que no debía ser la lectura más recomendable para un niño, porque el terror y las pesadillas que me despertaron algunos de sus relatos todavía los tengo bien presentes.

Poe me conectó con el terror sobrenatural, presente en la tradición oral que había heredado de mi abuela materna. Me enseñó el mal, la soledad, la muerte y lo inexplicable. Todavía hoy es uno de mis autores favoritos, sobre todo en la ya clásica traducción de Cortázar. Todo un lujo.

«Porque la tortuga tiene los pies seguros, ¿es ésta una razón para cortar las alas al águila?»

Los tres mosqueteros. Alejandro Dumas.

Los tres mosqueteros es quizás una de las mejores novelas de aventuras que se han escrito. La historia de los cuatro soldados pendencieros, bebedores y mujeriegos es un canto al hedonismo, a la ausencia de límites y a vivir la vida como si no fuera a haber mañana. La auténtica vida de la soldadesca, adornada de hermosos valores que sólo pueden entenderse como ironía.

En cualquier caso, resulta imposible no disfrutar con sus bravuconerías, lances amorosos, sus duelos y su picaresca, así como su cinismo. Todo un reflejo del estilo de vida que tanto gustaba al célebre autor francés.

Y sin embargo, entre tanta acción, malicia y exceso de testosterona, pueden desprenderse reflexiones que valen su peso en oro. Ya sólo por leer la trilogía y comprobar la evolución de los personajes a lo largo de cuarenta años, su desencanto y pérdida de ilusiones, uno puede aprender bastante de lo que representa la vida para aquellos que han vivido al límite, buscando a cada paso una sensación más intensa, la satisfacción máxima de sus deseos.

Indispensable si se busca una lectura de disfrute, muy superior a cualquier de los bestsellers basura que pueblan los estantes de los hipermercados.

«Aun eres joven -Le dijo Athos- y tus amargos momentos tienen tiempo para convertirse en dulces recuerdos.»

El camino. Miguel Delibes.

El camino es una de esas lecturas de mi infancia a la que vuelvo una y otra vez, tan fascinado en cada lectura como en la primera. Su reflejo de la vida en el campo, los valores tradicionales, la dureza y sabiduría que se encierra en el mundo rural quedará como testimonio de toda una forma de vida casi extinta.

La historia de Daniel el Mochuelo es la de tantos niños de zonas rurales que, en un momento de sus vidas, abandonaron el campo para formarse en las ciudades, labrándose un futuro más prometedor, huyendo de la pobreza de sus familias. Un auténtido homenaje.

El camino se lee con placer, melancolía y un punto de amargura. Una pequeña joya de nuestras letras.

«Cada uno mira demasiado lo propio y olvida que hay cosas que son de todos y que hay que cuidar», añadía. Y no había quien le metiera en la cabeza que ese egoísmo era flor o espina, o vicio o virtud de toda una raza.

Matar un ruiseñor. Harper Lee.

Siendo apenas un adolescente mi madre puso en mis manos Matar un ruiseñor y, a pesar de mi rechazo inicial, por ser la época en que se considera que todo lo que puede venir de los padres es malo, equivocado o aburrido, pocas lecturas me hicieron disfrutar tanto como la de la estupenda obra de Harper Lee.

Matar un ruiseñor es un alegato contra el racismo, defendiendo los valores que confieren dignidad al ser humano, todo contado desde la visión inocente y lúcida de una niña en un lugar aparentemente idílico de los Estados Unidos.

Atticus Finch, el padre de Scout, la protagonista, es el personaje clave de la obra, ese tipo de persona que refleja el ideal que muchos querríamos alcanzar, pero que por desgracia tal vez sólo exista en obras como la de Harper Lee.

Un libro que, si no se ha leído, puede tener la capacidad de reconciliarnos con la literatura. Su versión cinematográfica, protagonizada por Gregory Peck tampoco desmerece en absoluto a la novela.

«Atticus Finch no hacía nada que pudiera despertar la admiración de nadie: no cazaba, no jugaba al póker, no pescaba, no bebía, no fumaba… Se sentaba y leía.»

 

Las aventuras de Guillermo. Richmal Crompton.

Leer a Guillermo, y las tremendas fechorías que un niño de ocho años puede cometer, es una garantía de diversión. Toda su capacidad de maleante, sus conspiraciones, la gestión económica para comprar caramelos o regaliz, su odio al sexo femenino y sus experimentos sociológicos, lo hacen merecedor de ser considerado uno de los mejores personajes de la historia de la literatura.

Gamberro, manipulador, sucio, huraño, desconfiado y egoísta, Guillermo resulta tan odioso como encantandor, aunque resulta imposible no sentirse aterrado ante la posibilidad de que crezca y perfeccione sus virtudes.

«Apuesto a que hay muchas cosas que yo puedo convertir en interesantes aunque no lo sean al principio.»

Sandokan. Emilio Salgari.

Pocas veces he disfrutado tanto, y tanto tiempo, como con la lectura de Sandokan. Su bravura, su sed de venganza, su capacidad para amar en la misma medida en que odia, mata y conspira lo habrían hecho hoy merecedor de un diagnóstico psiquiátrico. Pero en el siglo XIX estos eran los auténticos aventureros, los hombres capaces de derrocar imperios y enfrentarse a todos los poderes terrenales.

Creo que junto a la anteriores –excepto Matar un ruiseñor y  El camino— ha sido una de las lecturas más perniciosas que tuve en mi niñez y adolescencia. Un modelo a seguir nada recomendable, pero mucho más divertido que el Nuevo Testamento. Qué le vamos a hacer: me parecía más milagroso sobrevivir a los estranguladores thugs, el ataque de un tigre, o sobrevivir nadando en el océano con una bala en el pecho, que convertir el agua en vino. Ni punto de comparación.

«Donde ponemos las garras, arrancamos lo que queremos. ¿Quieres una prueba?»

Hasta aquí las obras literarias que más me han marcado, junto con estas últimas, cinco de las lecturas que recuerdo con más afecto por los momentos en que las leí y el placer que me proporcionaron en mi juventud.

Comment on “Las diez obras literarias que más me han marcado. (3)”

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies... política de cookies, pMás información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: